Imprimir
Categoría: Entrevistas
Visto: 1414

Quiero presentarme como miembro de la Pastoral de la Parroquia de Santiago Apostol de Casarrubuelos. Como una más, pertenezco al grupo de “Acción Social”, nuestro cometido es ayudar a todo el que lo necesita, estamos trabajando al servicio de los demás, hoy que todo está tan difícil y, por desgracia, hay personas que lo están pasando mal.

Contamos con la colaboración de la Hermandad del Santísimo Cristo de la Vera Cruz, el Ayuntamiento y con la Casa de Acogida “ISLA Merced”, en la que se encuentran personas que se están reinsertando e integrándose en la sociedad, que después de cumplir su condena, trabajan por el bienestar social de los demás, con la máxima discreción, ilusión y alegría. Este es el fin que todos tenemos. 

También quiero hablaros de la “Pastoral Penitenciaria”; somos un grupo de voluntarios del Centro Penitenciario Madrid III de Valdemoro y de la Asociación ePyV y, para mí, estar dentro de él es una experiencia que jamás hubiera imaginado y que quiero contaron un poco. Cuando a mí me preguntan ¿por qué estás aquí?, mi respuesta siempre es la misma. Yo estoy aquí por mi desgracia, por ese vacío tan grande que quedó en mi vida. Yo me veía en mi casa como una viuda, llorando, amargando a los míos y a los demás, y hoy, con ese dolor profundo en el corazón, que jamás se marchará, soy una viuda con alegría. No podéis imaginaros lo que a mí me aportan estas personas, lo que te agradecen solamente que les escuches y les hagas un rato compañía. No tengo palabras para definirlo, yo me siento más que recompensada; cuando salgo de allí me traigo mucho más de lo que yo he llevado, y eso influye en mi familia y en todo mi alrededor, te hacen ver la vida de distinta manera. Es indudable que estas personas han cometido un delito, nadie lo puede negar y lo están pagando, pero nosotros no somos nadie para juzgar, ya lo hará el Señor cuando llegue el momento, porque muchas veces la necesidad te obliga a hacer cosas que no quieres. Cuando te despides hasta otra semana, … de qué forma lo hacen, les ves detrás de la reja que “chirria” al cerrarse, ves la constante vigilancia de los funcionarios, esos pasillos largos y fríos, y hay que tener un corazón muy duro para que eso no te haga mella, ….. sales a la calle y piensas, “Dios míos, ¿de qué me quejo yo?, y estás deseando que pase la semana para volver otra vez con ellos. Se necesita gente para poder hacer más cosas porque, de verdad, no sabéis lo que ellos nos pueden ayudar a nosotros.

Muchas gracias.